Angel food cupcakes de Hello Kitty

Estos cupcakes estaban pensados para ir decorados con una rosa o una mini anémona. Pero llegó Hello Kitty y mandó al garete mis planes iniciales.

Desde muy pequeñita me han apasionado los Jelly Belly. Nunca han sido muy fáciles de encontrar para mí, así que siempre me he conformado (por decirlo de alguna manera) con las típicas judías imitación de Jelly que sí están en todas las tiendas de chuches.

Y si al factor Jelly, le sumas el factor Kitty, la mezcla es explosiva para mí, casi como un regalo anticipado de cumpleaños (me quedan sólo seis días para cumplir años y para ser más consciente aún de cómo pasa el tiempo a través de mis ojos…)

Y el tercer factor de estos cupcakes es el Angel Food Cake. Ya me lo dijeron, cuando empiezas no puedes parar, y es verdad. Es impresionante. El nombre del cake le va que ni pintado porque es ligero como una nube, creo que son los cupcakes más “vaporosos” que he hecho hasta la fecha (aunque después con el glaseado ganen gramos a marchas forzadas)

Además, me arriesgué y quise jugar con dos colores. Para ello utilicé colorante Sugarflair Claret en pasta (mi preferido con diferencia)

Cupcakes de caramelo… ¿Por qué se hunden mis cupcakes?

Hay días en que todos los que creías tu aliados (incluído tu nuevo horno al que tanto quieres) se alinean planetariamente para que todo te salga mal.
Se te quema la lasaña y el lenguado está crudo.
¿Cómo puede pasarme esto a mí? ¿Cuántas lasañas habré cocinado? ¿Cuántos lenguados han estado en su punto perfecto de cocción? 
Las respuestas: La lasaña se tostó porque olvidé que la estaba haciendo mientras batía la masa de los cupcakes, hablaba con mi madre por teléfono y reñía al peque porque lanzaba pelotas asesinas (sí, ya sabéis que es su hobby más querido)
¿Y el lenguado? Pues que queréis que os diga… Que soy incapaz de encontrarle el punto a según que tipo de pescado.
Así pues, nadie planeó ninguna cruzada contra mí y es inútil que lo piense. Soy yo misma y mis circunstancias.
Y lo de los cupcakes va por el mismo camino. El riesgo de estar intentando variar recetas para hacerlas más tuyas, tiene sus consecuencias. Eso, y lo de la conversión de las medidas en tazas, lo reconozco. No siempre atino cuando “traduzco” las recetas americanas que están expresadas en tazas (y menos aún cuando aplico de memoria lo que he visto en varias recetas) Podría usar los medidores de tazas, pero me sigue gustando trabajar en gramos.
Vamos a la cuestión que importa después de ver el primer desastre en qué se convirtieron estos pequeñines que tan bien olían y que prometían mucho.
 
¿Por qué se hundieron los cupcakes?
 
En la primera receta que escribí, la cantidad de harina era bastante escasa comparada con la cantidad de azúcar y mantequilla. Eso debería haberme dado la pista (la verdad es que lo pensé pero preferí seguir adelante con el experimento)
Los ingredientes secos y los húmedos estaban francamente descompensados y eso, a no ser que seas un genio de la repostería o estés usando una receta súper contrastada, suele ser sinónimo de fracaso.
Una de las combinaciones que más me funciona es la de 100 gr. harina, 100 gr. azúcar, 100 gr. de mantequilla y dos huevos (con las variaciones pertinentes de aromas o pastas naturales, por ejemplo)
Si quiero introducir fruta natural hecha puré en la receta, tengo que calibrar un poco la textura de la fruta y su contenido de agua para poder prever la textura que conseguiré al final.
Con la levadura reconozco que nunca soy muy constante pero para esas proporciones suelo usar media cucharadita de levadura.
Cuando la receta incluye montar claras, el tema de la levadura se complica y no suele ser necesaria porque el aire de más que incluyes en el preparado, asegura que el cupcake suba y quede esponjoso (además suelen ser recetas que tampoco tienen mantequilla ni aceite alguno, el propio huevo actua de elemento húmedo por la densidad que consigues con el montado)
Y cuando empiezas a hacer recetas que incluyen nata, buttermilk o bicarbonato sódico (además de la levadura) hay que tener más cuidado con las cantidades (en estos casos yo siempre aconsejo dejar de lado los experimentos y recurrir a un blog de confianza para hacer la receta con las cantidades indicadas al dedillo)

Cupcakes crujientes… Y mis reflexiones en torno a la buttecream

Sé que la crema de mantequilla (buttercream) complica un poco las cosas a todo aquel que se inicia en el arte del cupcake. Realmente no tiene mucho secreto cuando la has hecho unas cuantas veces, pero sí es cierto que conforme vas avanzando en tus logros reposteriles, sueñas con mejorar la textura para conseguir exactamente esa mezcla cremosa que no sea ni demasiado dura ni demasiado blanda, que no sea una tortura con la manga y que no se deforme al hacer el dibujo con la boquilla.
Que la mantequilla esté a temperatura ambiente (no excesivamente blanda pero nada fría) y no pasarnos con el batido (es necesario que se integre y quede suave pero no proporcionarle calor en exceso), suelen ser dos factores que facilitan una buena textura. El tamizado del azúcar es muy importante (y si es posible trabajar con icing sugar que es más fino que el azúcar glass, mejor)
Con el tema de las proporciones la dificultad está servida:
Doblar la cantidad de azúcar por cantidad de mantequilla y añadir un poquitín de leche a temperatura ambiente asegura una buttercream bastante robusta que te permite dibujar muy bien sobre el cupcake. El único inconveniente que tiene es que tiende a endurecerse con facilidad la primera capa de buttercream.
Y si la cantidad de azúcar es muy escasa y añadimos leche, corremos el riesgo de que quede muy líquida.
La solución si queremos prescindir de tanto azúcar es olvidarnos de la leche, pero dependiendo de la receta, el riesgo de masticar pura mantequilla tampoco me convence en exceso.
Al final, todo consiste en probar cada crema y adaptarla a nuestros gustos y a las necesidades de decoración que tenemos (no necesitaremos la misma consistencia si vamos a hacer una rosa con la boquilla 2D que si vamos a cubrir el cupcake sin hacer dibujo sólo para ponerle una “corona” de fondant)
Y eso, teniendo en cuenta que la buttercream suele ser una crema a la que nuestros paladares justo se están acostumbrando y su exceso, no siempre es sinónimo de éxito.
Supongo que, como siempre le digo a todo el que me pregunta, creo que cada vez más, estamos adaptando el cupcake a nuestra dieta. Y si nos gusta más coronarlo con nata (de materia grasa 35,1% y estabilizante), con un merengue bien firme, o con una crema de queso combinada con nata, también nos funcionará genial a la hora de decorar. Es cuestión de experimentar.

En esta receta, la crema quedó con una consistencia magnífica sin leche, sólo con la suavidad que le aportó la pasta de avellana.

Ingredientes (para 8 cupcakes estándar)

100 gr. mantequilla a temperatura ambiente
100 gr. azúcar
2 huevos
80 gr. harina repostería
3/4 cucharadita levadura
20 gr. cereales de chocolate tipo corn flakes (triturados con robot o con la ayuda de un tenedor)
30 gr. gotas de chocolate negro

Preparación:

Precalentar el horno a 180º. Batir la mantequilla y el azúcar a velocidad media aprox. 3 minutos. Incorporar los huevos uno a uno y seguir batiendo hasta que se integren. Tamizar las harina junto con la levadura y añadir a la masa poco a poco. Seguir batiendo con las varillas e incorporar los cereales. Mezclar con la ayuda de una espátula
Rellenar las cápsulas de los cupcakes hasta más o menos 2/3 de su capacidad. Verter un montoncito de gotas de chocolate encima de cada cápsula y hundirlas un poco con la ayuda de una cuchara (no las mezclo con la masa directamente para evitar que vayan al fondo del cupcake)

Hornear a 180º durante 20 minutos aproximadamente o hasta que al pinchar con una brocheta fina, está salga totalmente seca.

Retirar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla (para que no se despeguen las cápsulas, yo siempre los dejo en el molde unos minutos antes de ponerlos en la rejilla para que se enfrien)

 

Buttercream de avellana

150 gr. mantequilla a temperatura ambiente
200 gr. icing sugar
1 cucharadita generosa de avellana italiana en pasta

Batir la mantequilla con el azúcar hasta que se integren y añadir la pasta de avellana en el último batido (debemos asegurarnos de que la pasta esté a temperatura ambiente para que no nos afee la textura de la crema)

Y ya está… Seguiremos investigando y probando. ¡Me encanta hacer experimentos reposteros! Espero que os haya gustado la entrada y os animéis a hacerlos.
En la tienda seguimos incorporando novedades y en el taller programando algunos nuevos cursos,  disfrutando de cada momento y planeando tantos nuevos proyectos… Estoy feliz.